El GATO SÉNIOR

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Los gatos se caracterizan por vivir una etapa geriátrica especialmente prolongada, la cual suele ir acompañada de diferentes cambios físicos y conductuales.

Esos cambios muchas veces,  son interpretados por el propietario como algo normal. Sin embargo, la aparición de éstos debe servir de alerta sobre la necesidad de investigar la presencia de problemas orgánicos, ya que pueden ser el primer signo de que algo no va del todo bien.

Los cambios de comportamiento más observados son:  la vocalización excesiva, tanto de día como de noche; la eliminación inadecuada, desorientación, agresividad entre gatos e incluso hacia personas, acicalamiento excesivo, miedo e inquietud.

Normalmente,  estos cambios pueden ser secundarios a algún proceso, por ejemplo, si el gato presenta algún tipo de dolor o malestar, puede presentar un carácter irritable, miedo a ser cogido e incluso huir.  Determinar la causa que desarrolla dicha conducta es fundamental, en casos más complejos, existe la posibilidad de que coexistan varias causas: cambios en el entorno del animal, nuevos miembros en la familia, la presencia de una o más patologías. Por ejemplo: hipertiroidismo, diabetes mellitus, artrosis…

Por lo tanto, es esencial realizar chequeos periódicos a nuestro gato. Las consultas geriátricas aportan una valiosa información de cómo va la salud de nuestro pequeño, incluso podemos permitirnos adelantarnos a la aparición aguda de alguna enfermedad.  Sería ideal comenzar a partir, de los siete años de edad.